Salmo 91

Salmo 91

El que habita al abrigo del Altísimo
morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo al Señor: Refugio mío y fortaleza mía;
mi Dios, en quien confiaré.
Porque él te librará de la trampa del cazador,
de la peste destructora.
Consus plumas te cubrirá,
y debajo de sus alas hallarás refugio;
escudo y adarga es su verdad.
No temerás el terror nocturno,
ni la saeta que vuele de día,
ni la pestilencia que ande en la oscuridad,
ni la plaga en pleno día destruya.

Rumiación #1


En una esquina de mi cuarto, bajo la humedad de mi techo, descansa un recuerdo de tu visita. Debo de confesar que me he reusado a levantarlo desde aquella vez. Que lo he usado como pañuelo para secar mis lágrimas. Como sábana para acobijar mis sueños. Como nota en mi pizarra. Como pijama cuando más te he extrañado.

Te ruego que me perdones porque mi ropa, al ser tan pequeña, no te podía abrigar cuando tenías frío. Porque mi casa, al ser tan vacía, no te sirvió de refugio. Porque al carecer de tanto, mi espíritu no fue suficiente alimento para saciar tu hambre. Porque mi llanto, al ser tan amargo, no logró saciar tu sed. Porque mi corazón, al ser tan pequeño, no fue suficiente para llenarnos a ambos.

De vez en cuando, me encontraré extrañándote, y sacudiré mi cabeza con la esperanza de que tu recuerdo se caiga de mi memoria. Dentro de mí existe un salón dedicado a ti, que permanecerá bajo candado por los siglos que le sobren a la existencia.