Me cortaron mal el pelo

Hace más de un mes, venía en un taxi a casa junto a una mujer y su hija. No suelo escuchar las conversaciones ajenas a menos que esté muy aburrida, pero no pude evitar prestar atención cuando la niña preguntó: "¿Por qué tengo que tener paciencia?", a lo que su mamá respondió: "Porque te va a brindar paz. A ti y a los demás".

He encontrado que el mejor método para contener el llanto es cerrar los ojos con mucha fuerza hasta que se te olvide o te orines. Afortunadamente ninguna de las dos sucedió en ese momento, pero la sensación de haber comido un limón se queda ahí por un largo rato, por semanas, meses o incluso años. Quizá es por que a mí me cuesta mucho diferenciar las razones por las que lloro. Muchas veces lo hago por coraje, porque vivo con muchos arrepentimientos, de lo que hice y lo que no hice, y me quedo despierta en las noches pensando en cómo todo sería más fácil si se me permitiese meterle un golpe a alguien sin ninguna consecuencia al menos una vez a la semana.

A veces desearía vivir en los años 50s cuando las mujeres eran lobotomizadas por tener depresión o no saber cocinar. Solo quisiera desconectar mi cerebro del resto de mi cuerpo y ser como las medusas; solo una baba que flota en el océano esperando a que me coma una tortuga o a terminar en la playa picando a un individuo desafortunado.

Una planta de chile


Fui a recoger una planta hace dos semanas en un invernadero en la ciudad. Húmedo y caluroso, la encargada era un poco sangrona, pero escogí una pequeña mata de chile piquín con unos cuantos frutos pequeños y firmes hojas verdes. Iba hablando con ella mientras caminaba por la precaria banqueta sosteniéndola firmemente. "Te voy avisando de una vez que te vas a marchitar y vas a morir. Me genera mucha pena pero te prometo que te voy a querer muchísimo". Cometí la barbaridad de escoger la planta más bonita que encontré, sabía que me iba a doler.

Subí a mi transporte en camino a mi casa sentada al lado de un muchacho que me preguntó qué tipo de chile era: "Es un chile piquín, o eso creo". Me contestó que se veía muy bonita y empecé a sentir como los demás pasajeros miraban la planta y me miraban a mi; si solo supiesen el destino de la pobre matita. Después el mismo muchacho me preguntó en dónde estudiaba y gracias a Dios una mujer que subió se sentó entre nosotros antes de que me empezará a sentir más incómoda.